Nuevos hábitos. Qué tienen los departamentos de más de 30 años que las generaciones jóvenes no quieren comprarlos

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  • Las principales diferencias residen en el diseño, pero también en los sistemas constructivos y en los materiales que se utilizan

¿Cuáles son las principales diferencias entre los departamentos que se construían antes con los que se edifican hoy? La realidad es que habitamos espacios distintos de los ocupábamos hace 40 o 50 años. Las principales diferencias residen en el diseño, pero también en los sistemas constructivos y en los materiales que se utilizan; cambiaron los códigos para las edificaciones y las normativas, y el modo de uso de la vivienda.

A diferencia de los departamentos construidos hace cuatro o cinco décadas, hoy la funcionalidad prima en el diseño. Los ambientes son abiertos, se integran fácilmente y resultan multifuncionales; así los departamentos de hoy buscan una combinación de fluidez, privacidad y flexibilidad. “En 1970, 1980 o 1990 todos los ambientes estaban muy compartimentados. Si uno toma como ejemplo a las cocinas, en los 70 u 80 eran cerradas y hoy el planteo es un gran espacio de estar, comedor, cocina integrada, vinculada con jardines, patios, galerías o balcones. Por otro lado, necesitás privacidad, por eso conviven ambas situaciones de fluidez espacial e intimidad. Además, hoy se da mucho esto de que los espacios sean de uso alternativo”, señala Sergio Topor, arquitecto y director de STyAs.

Los de hace 40 años eran ambientes que se concebían como cajas separadas, mientras que ahora se busca unificar los espacios. Según José Escala, jefe de arquitectura de Grupo Dinal y Lener Constructora, “un ejemplo de esta tendencia es un dormitorio que para ampliarlo visualmente se suma a una terraza con un gran ventanal, logrando relax y descanso. O la alternativa de unificar el estar, el comedor y la cocina, para obtener un gran espacio de uso múltiple, flexible, que se adapte para cocinar, recibir amigos, ver tele, o trabajar”, explica.

Coincide con este punto de vista Manuel Depierro, arquitecto y director de proyecto y construcción de Codevelopers, quien asegura que hoy se busca que la unidad no se cierre en sí mismasino que se expanda hacia el exterior. “Los espacios son mucho más flexibles en su distribución porque se busca vivir la unidad. La integración de las cocinas al living comedor es una tendencia habitual. La gente se dio cuenta que pasaba gran parte del día en ese pequeño comedor diario y desaprovechaba el living comedor que lo reservaba solo para ocasiones especiales”, explica.

Para Topor, la explicación reside en que hoy se personalizan las viviendas en función de quien va a vivir ahí, algo que hace cuarenta años no sucedía. “Antes eran productos estandarizados, departamentos de un dormitorio, de dos o de tres, que venía con habitación de servicio y baño de servicio. Las categorías eran fijas, a diferencia de hoy que hay de todo”, destaca.

A la hora de pensar en las principales diferencias entre los departamentos de ayer y de hoy, Domingo Speranza, fundador de Newmark, considera que una de las más notorias es que antes prácticamente ninguno tenía amenities y la línea de teléfono era el principal factor de negociación de precio, al punto que figuraba en la escritura.

“Los ambientes se entregaban completos, con terminaciones y calefacción. El gas era importante y casi no existían las cocinas y hornos eléctricos como hoy y mucho menos el aire acondicionado, que poco a poco se fue incluyendo. La dependencia de servicio era también un punto relevante en aquellas unidades para familias, aún para las de 75 m² con dos dormitorios y dependencia”, sostiene.

Todo cambia

En cuanto a la construcción, según analiza Topor, hoy existen mejores materiales y mejores sistemas constructivos, además de una mayor conciencia sobre la sustentabilidad que hace 40 años no se consideraba. Entre los principales aspectos que cambiaron pueden enumerarse:

1) Conservación de la Energía: “Hay una mirada hacia la sustentabilidad: un esfuerzo por conservar la energía y eso se ve principalmente en los cerramientos perimetrales, en ventanas con doble vidriado hermético, con un requerimiento importante por la aislación térmica.

En las viejas casas de 1840 esta preocupación no existía: los muros eran tan anchos que la aislación estaba dada por el espesor de la pared, de hecho, se hacían anchos porque era una forma de conservar la energía, en invierno las casas eran más cálidas y en verano más frescas. Esos espesores hoy no existen, pero si la necesidad de la aislación térmica que hoy se consigue con distintos materiales, pero ya no con paredes dobles”, explica Topor.

Para Depierro, la aparición del aluminio marcó un antes y un después en la construcción de los departamentos. “De a poco, las empresas empezaron a desarrollar productos de carpintería en aluminio alineados con estas nuevas necesidades de aislación térmica y menor consumo energético que el mercado comenzaba a demandar”, asegura.

2) Sisemas de conducción: Otra gran diferencia está en los materiales que se usan para las cañerías eléctricas y sanitarias que eran metálicos -se usaba hidrobonz, hierro galvanizado o plomo-, todos materiales complejos que exigían una mano de obra elaborada y requerían de un mantenimiento importante.

“Hoy todo lo hacemos con elementos plásticos, en instalaciones eléctricas las cañerías pueden ser plásticas o metálicas, pero para todo lo que es conducción de agua y gas se utiliza el plástico que requiere una mano de obra más simple, un mantenimiento prácticamente inexistente porque los caños son prácticamente eternos y la instalación sanitaria bajó de precio porque la mano de obra es más sencilla, es una gran ventaja”, admite Topor. En terminaciones, también cambió mucho la grifería, hoy lo estándar es el monocomando con cierre cerámico. “Es una grifería que no tiene mantenimiento y ni pérdidas, uno se olvida de cambiar el cuerito, como se decía antes, esto fue superado y la calidad de la grifería mejoró muchísimo”, advierte.

3) Terminaciones: En 1980 el material por excelencia para las terminaciones de pisos era la cerámica, en cambio hoy se usa el porcelanato. “Es un producto que es una evolución de la cerámica, de mejor calidad, bordes y tamaño rectificados y mucha más duración”, dice el director de STyAs.

Además, aclara que surgieron muchas alternativas para reemplazar la madera a la que considera “un producto maravilloso, increíblemente noble, pero que es caro y de difícil mantenimiento”, que son los pisos flotantes vinílicos, que pueden ser de una capa superior de madera, o vinílicos 100% imitación madera, que se ensamblan rápido, tienen una alta durabilidad y no tienen el costo de un piso de madera tradicional, que puede ser de US$50/m², mientras que las alternativas actuales cuestan la tercera parte”, describe Topor.

Otro que se usa muchísimo es el porcelanato símil madera, granito o mármol, “son un boom, tienen una calidad excelente y durable”, añade. En los últimos años, también se incorporaron las paredes de roca de yeso, un material que permite una construcción rápida, sustentable, con menos desperdicio y con el que se viene trabajando muy bien, y que el mercado rechazaba en 1980, y hoy lo acepta como un sistema constructivo más.

4) Altura e iluminación: la altura de los departamentos es uno de los puntos en donde hay diferencias notorias. Según Topor, antes los ambientes eran más altos, por ejemplo, en una casa chorizo tenían cuatro metros de altura, mientras que hoy la altura estándar es de 2,60 metros libres en ambientes tanto en salas de estar o comedor. La altura te da sensación de amplitud, los ambientes parecen más grandes, son más frescos en verano y más fríos en invierno. Entonces, los nuevos perdieron altura pero ganaron en la iluminación, ¿por qué los departamentos parecen más luminosos hoy? Justamente porque se prioriza la iluminación natural. Según explica Depierro, antes el aventanamiento era más cerrado y pequeño. “Hoy hay una gran preocupación por la luz y ventilación natural, y por el contacto con el verde. En una unidad se busca luminosidad, espacios amplios y unificados. Hoy la vivienda ya no es más un bien para exhibir en ocasiones especiales. Hoy se vive y se comparte”, enfatiza el arquitecto.

Menos metros, más seguridad

Otro aspecto modificado con el paso de los años es el de los códigos y las normativas, algo que tiene que ver con cada municipio o jurisdicción. Para Topor, los códigos de construcción también evolucionaron en dos aspectos importantes, el tamaño de los ambientes y la exigencia que hay sobre la seguridad en la actualidad.

“Por empezar, los medios de salida se modificaron, hoy son más simples y más seguros, las escaleras que se construyen hoy son de tramos rectos, tienen antecámaras y en los edificios más altos hay sistemas de presurización de escaleras, también sistemas de extinción en cocheras”, asegura.

Además cambió el tamaño de los ambientes, “los municipios van entendiendo esta lógica que tiene que ver con la segmentación y permiten espacios más chicos. En todo esto hay una lógica y es que la gente compra lo que puede pagar. Por ejemplo, hoy la Ciudad de Buenos Aires permite construir studios de 16 m² más el baño y hay gente que lo compra, no sé si está bien o está mal, pero para quien no puede comprar 35 m² me parece una solución excelente”, sostiene el arquitecto.

Además, reconoce que, en los códigos de edificación más nuevos, hay una mirada incipiente hacia la sustentabilidad, por ejemplo, en la Ciudad de Buenos Aires ya se exigen terrazas verdes, aislación térmica en muros y hay cierto manejo en el tema del agua de lluvia.

Uso de la vivienda

A la hora de pensar los espacios para vivir, los constructores, arquitectos y desarrolladores responden al modo de vida de las personas. Los cambios en la forma de vida se manifiestan en los nuevos espacios que habitamos.

Para Elbio Stoler, fundador y director de ADN Developers, una cuestión a considerar cuando se hace una comparación entre pasado y presentes es que hubo un crecimiento notable en el concepto de amenities.

“Hay grandes cambios en cuanto a la forma de vida y a cómo la propia vivienda se diseña, ya no solo como un lugar para vivir, sino como un sitio que engloba varios aspectos de la vida de las personas. Por eso se buscan productos o servicios que hagan más cómoda, agradable y placentera la permanencia de los usuarios, algo que hace dos décadas no se consideraba”, explica. Esta lógica se aplica en las viviendas y en las zonas aledañas, por eso creció también la oferta de servicios deportivos, recreativos, gastronómicos, laborales y de salud, “aunque lo destacable es dentro de los propios edificios”, asegura Stoler. “Cada vez es más común tener gimnasios, spa, parrilla, piscina climatizada y salas de coworking, lo que hace al servicio algo más integral, englobando en un solo lugar los distintos aspectos de la vida de las personas. Y dentro de los departamentos también notamos diferencias. Puede que los ambientes sean los mismos, pero sus usos son más flexibles y se aprovechan más los metros cuadrados”, explica.

Para Stoler, la construcción contemporánea tiene que considerar múltiples factores que hace un tiempo no estaban en juego, como las formas de relacionarse, comunicarse, agruparse, las maneras de trabajar y utilizar esos espacios. “Todos estos factores de cambio cuestionan la vigencia de los modelos más tradicionales, de cómo se construían antes los proyectos, en particular las viviendas, y te obliga a repensar la arquitectura y las formas de diseñar”, finaliza.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/

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