La «horrible» Torre Eiffel y otras construcciones que no convencieron a nadie

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  • Hubo un tiempo en que la opinión pública no opinaba lo mismo que nosotros y, en algunos casos, se desató la polémica por edificios que hoy en día son muy visitados y queridos.

Hoy en día son símbolos de las ciudades en las que se encuentran y miles de turistas las visitan al año, para sentir el paso del tiempo discurrir por sus dedos, observando estos lugares que se mantienen en pie mientras nuestras finitas vidas se consumen y llegan otras nuevas que nos remplacen. Pero hubo un tiempo en que la opinión pública no opinaba lo mismo que nosotros y, en algunos casos, se desató la polémica por sus construcciones.

¿Sabías que los parisinos estaban en contra de la Torre Eiffel cuando se construyó? ¿O que una de las casas más famosas de Praga era considerada un atentado a la vista y el gusto? Los tiempos cambian, y los pensamientos también, y quizá por ello te sorprenda leer estas historias.

La Torre Eiffel: una inmundicia

«De la vuelta», exigió el poeta Verlaine al taxista que le había llevado hasta donde construían la Torre Eiffel. «Es horrible, inmunda…». Al fin y al cabo la apodó «esqueleto de atalaya», y no fue el único. Con la idea de levantar sobre el Campo de Marte una torre de hierro con 125 metros de lado y 300 de alto, la idea de Gustave Eiffel (junto con los ingenieros Maurice Koechlin y Emile Noguier, además del arquitecto Stephen Sauvestre) fue seleccionada entre 107 proyectos.

El montaje de las patas comenzó el 1 de julio de 1887 y tardó 21 meses en completarse. La insignia más importante de París no solo no convenció a Verlaine. El periódico ‘Le Temps’ publicó una protesta contra la torre y estuvo firmada por algunos nombres conocidos por todos (o menos, según la crueldad que haya tenido el paso del tiempo con ellos).

«Ni siquiera la capitalista América la quería, la Torre Eiffel es, sin duda alguna, la deshonra de París»

Alejandro Dumas hijo, Guy de Maupassant, el pintor William Bouguerau o incluso Charles Garnier (arquitecto de la Ópera de París) alzaron los brazos al cielo con horror: «¿Vamos a dejar que todo esto sea profanado? ¿Seguirá la ciudad de París asociarse por más tiempo con las barquerías, con la imaginación mercantil de un fabricante de máquinas, para convertirse en irreparablemente fea y deshonrarse? Ni siquiera la capitalista América la quería, la Torre Eiffel es, sin duda alguna, la deshonra de París. Depende de usted, monsieur y querido compatriota, de ustedes que aman tanto a París, que lo han adornado tanto, que lo han protegido tan a menudo, protegerla». No fueron muy previsores, todo hay que decirlo, pues el símbolo de la ciudad del amor es el monumento de pago más visitado del mundo en la actualidad.

La casa danzante de Praga: amor y odio

En el centro mismo de Praga, a orillas del río Moldava, la que se llama oficialmente Edificio Nationale-Nederlanden provocó muchas críticas cuando se construyó allá por los años 90. El que en un principio no era más que un boceto de Vlado Milunic, sin embargo, gustó lo suficiente al renombrado arquitecto Frank Gehry como para participar en el proyecto y aportar sus propias ideas: así terminaron el diseño en el 92, al que originalmente querían llamar ‘Fred y Ginger’ por la pareja de bailarines, que es lo que supuestamente representa la casa danzante (Ginger sería el edificio de cristal y Fred el de hormigón).

Como es lógico, un edificio tan vanguardista y peculiar chocaba un poco con la arquitectura de la ciudad, que en general es mucho más clásica. Las críticas fueron rápidas y crueles y el choque de estilos no gustó, por ser el edificio demasiado estrambótico.

Un edificio tan vanguardista y estrambótico chocaba un poco con la arquitectura de la ciudad, que en general es mucho más clásica.

A día de hoy, sin embargo, tal y como sucede con la Torre Eiffel, es uno de los edificios más visitados de Praga, y dentro puedes encontrar oficinas, restaurantes, tiendas y un hotel.

Los problemas de la interminable Sagrada Familia

El símbolo más importante de la ciudad condal tiene defensores y detractores, lo cual es normal teniendo en cuenta que lleva 139 años para construirse y, en ese tiempo, le ha dado tiempo a ver de todo. Su historia se remonta a 1872 y cuando cayó en manos de Gaudí, este ya sabía que al proyectar un edificio de dimensiones tan importantes, tendría que construirse en un tiempo largo y que correría a cargo de distintas generaciones (Notre Dame tardó 182 años en construirse, la de San Pablo de Londres 100, y la de Colonia más de 600).

Según explicó el arquitecto Jordi Faulí i Oller a este periódico, el ritmo de construcción varía porque depende de las aportaciones y donativos. «Tenemos la sensación de que somos colaboradores. Estamos construyendo un proyecto interpretado, unas ideas y formas que son de Gaudí». Quizá sea por el tiempo que lleva y la demora, las diferentes interpretaciones que se han hecho del edificio según las pautas de Gaudí, o porque la sociedad y sus necesidades, así como la ciudad, han cambiado en este tiempo, pero la polémica en torno a la catedral parece estar siempre servida.

Del sueño a la pesadilla del brutalismo

Cuando Le Corbusier concibió la Unité d’Habitation tenía un gran sueño que debería abarcar toda Europa, con la idea de un nuevo modo de arquitectura residencial que pusiera de manifiesto soluciones a los problemas higienistas y de superpoblación, expresando todo aquello mediante el hormigón y la frialdad. Sin embargo, la ley hace la trampa y en seguida surgieron las complicaciones: Los Grands Ensembles de Pierre Sauvageot son muy polémicos y provocaron el rechazo de la población por ser (lo que suelen estos edificios) unas inmensas colonias que se han convertido en guetos para la inmigración.

Aunque nadie niega la calidad de las ideas de Le Corbusier, sí es cierto que el fracaso de algunas comunidades brutalistas probablemente se debió al decaimiento urbano tras la Segunda Guerra Mundial que no permitía que sus ideologías prosperasen. De cualquier manera, otras colmenas humanas, como la ciudad amurallada de Kowloon, demuestran el lado más negativo de lo que podría ser un sueño en aquellos lugares donde hay gran densidad de población. A veces las ideas que se consideraban buenas acaban no siéndolo, y las torres que parecían un insulto a la ciudad, se convierten en los lugares más visitados de la misma.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/

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