Dirigir una ferretería no es fácil

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Antiguamente, ser el responsable o dirigir una ferretería era un privilegio que no podía alcanzar todo el mundo. Se conseguía a base de años de experiencia y muchas horas. Hoy, el modelo ha cambiado y más que lo hará. Las nuevas tecnologías, los softwares, etc., facilitan la gestión de control y responsabilidad en nuestro día a día.

Pero al margen de los medios que disponemos, es necesario personas que se comprometan en ejecutar todo lo que hay que hacer a diario con la mayor efectividad. Y, curiosamente, cada vez resulta más difícil encontrar personas que quieren asumir este rol, ya no solo el de dar órdenes, sino el más complejo y difícil de ejecutar, que es el de la responsabilidad de desarrollarlas.

Las nuevas generaciones ya no quieren estar en puestos de responsabilidad ni por las diferencias ni las ventajas que aporta, aunque sean económicas, de calidad de vida, etc. Ya no se quiere asumir este tipo de cargos por los problemas que conlleva y el tiempo que se debe de invertir, en ocasiones pagado y, en otras muchas, sin ningún tipo de compensación al entenderse que viene dado en el propio cargo o responsabilidad.

Dirigir creo que es lo más difícil dentro de todas las tareas que se deben de realizar en una ferretería. Este cargo requiere de una serie de valores y atributos que por desgracia escasean. En muchas ocasiones, se cree que ser el responsable o encargado solo se trata de dar órdenes y que lo hagan los demás. Hay algo de verdad en ello, pero la persona que da estas órdenes debe de saber por qué las da, cuándo y a quién se las da.

Nuestro sector se encuentra muy necesitado de personal que tenga el doble sentimiento de que le guste la ferretería y que sepa desempeñar su papel como responsable. Un responsable debe de conocer el estado de ánimo y la carga de trabajo de su equipo, ya que obligar y forzar a que se hagan la cosas no conduce a ninguna parte, sino todo lo contrario: genera un estado de tensión. Y supongo que saben lo que significa “tensión” en una ferretería.

Estos son algunos ejemplos que ocurren en horas punta y con la tienda llena:

  • Los clientes están esperando para ser atendidos, con una cola de consideración, con todo el mostrador lleno a rebosar.
  • No hay productos en el lineal y hay que ir a buscarlos al almacén, con la pérdida de tiempo que esto supone.
  • El software no funciona por un problema en la red y no se pueden consultar los stocks y hay que verificarlo físicamente.
  • Llega un camión de reparto con productos que hay que descargar y está entorpeciendo el tránsito de la calle, por lo que se forma una larga cola de coches tocando el claxon.
  • Un cliente está haciendo una compra y nos efectúa consultas con largas respuestas y que son necesarias para poder servirle lo que realmente necesita, por lo que se tarda más de lo habitual.
  • Se ha quedado sin cambio la caja en el preciso momento en el que hay muchos clientes en cola y dentro de la tienda.
  • Hay dos comerciales en la esquina del mostrador esperando para realizar unos pedidos que les urge hacer y deben de esperar, generando más tensión.
  • Un error en un código de barras no deja cobrar el precio con el que está etiquetado el producto, lo que entorpece la línea de caja y se genera una larga cola.
  • Un cliente quiere realizar un pedido y nadie le atiende, porque no hay ningún vendedor en la sección.
  • Un cliente quiere unas copias de llaves y lleva rato esperando.

La cantidad de problemas que surgen es larguísima y se les debe de dar solución al momento y hacer lo posible para que no ocurran. Para soportar toda esta tensión se debe de estar bien preparado, ya que los problemas o situaciones conflictivas no ocurren todos los días a la misma hora. Además, son temas distintos y de cualquier sección. Esto genera una tensión que no todos quieren asumir. Y para algunas cosas queremos ser responsables y mandar, pero en otros momentos y situaciones no interesa, ni cobrando el doble.

Esta sensación de falta de personas con iniciativa y ganas de asumir responsabilidades cada vez es mayor en nuestro sector, a diferencia de lo que ocurre en otras actividades, que ejercen como imán que les atrae para que trabajen en ese tipo de empresas, como multinacionales de moda, hamburgueserías, cadenas de electrónica e imagen, etc. En cambio, en nuestro sector es muy difícil encontrar esta personalidad de tenar ganas y ser responsable.

En la actualidad, ocurre que las órdenes mal dadas generan dos problemas: la pérdida de tiempo y el desgaste entre el equipo de vendedores. Por este motivo, resulta de vital importancia que quien dé las órdenes tenga coherencia y sentido común, ya que es mejor que un empleado no haga nada, si no tenemos claro lo que hay que hacer y cómo, a darle trabajos innecesarios por el simple hecho de que haga algo. Esta situación tensa la relación entre la empresa y el empleado. Especialmente, si el trabajo no aporta un plus, no tan solo económico, sino de sentimiento de pertenecer y trabajar en esta empresa.

Hay que conseguir la armonía, porque resulta vital para desarrollar los trabajos con calidad, tanto para el cliente como para los propios empleados. Todas estas multinacionales que están tan de moda y podemos ver en los medios, que tienen un futbolín en el trabajo, una sala con bebidas gratuitas para los empleados, horarios flexibles, etc., sin duda cuentan con una serie de ventajas que hacen que, a una determinada franja de edad, quieran trabajar en estas empresas.

Esto genera una descompensación cada vez mayor en nuestro sector, que ve cómo cada vez los recursos humanos escasean. Y con los que contamos no son los más correctos para asumir y dar órdenes. Solo quieren mandar, pero sin saber dirigir, para que el trabajo se haga solo sin tener que estar encima controlando y ordenando.

Un claro ejemplo es la orden u obligación de reponer. Sabemos que lo tenemos que hacer todos los días, ya que sin producto no hay venta. Pues en muchas ferreterías los lineales se encuentran vacíos y los vendedores, que están dando vueltas por la tienda, priorizan otras tareas antes que la de colocar productos a la venta. Con una política formativa en la gestión y la organización, estas tareas tan básicas, pero necesarias, no se tendrían ni casi que obligar a un vendedor para que las haga. Debería recolocar los productos en el lineal sin que nadie tuviera que decirle que si no ve que el lineal está vacío o el producto torcido o mal colocado. ¿Por qué no lo ve? Porque no existe ni se genera una inquietud para que corrija todo lo que está mal a diario para que pase a estar bien. Esta sensación de estar bien ha de ser una rutina habitual.

La falta de precios, embalajes rotos y en mal estado, falta de productos, polvo en las estanterías y en los productos, etc., no deberían de existir en nuestras ferreterías, pero lamentablemente existen. Y lo peor es que persisten, por falta de inquietud y por una reiteración de órdenes que ya no se deberían de dar por parte del responsable, al estar asumidas y entendidas por cada uno de los empleados, que deberían utilizar la lógica y la coherencia de cómo debe de estar una ferretería para vender y atender a los clientes.

Sugerencias y comentarios sobre dirigir una ferretería

  • Dar órdenes porque sí no es ni lo mejor ni lo más recomendable en nuestra ferretería.
  • Hay que evitar dar órdenes por obligaciones diarias que todo el mundo sabe que ya debe de hacer.
  • Si no sabes mandar, es mejor no asumir esta responsabilidad, ya que genera un mal ambiente entre los equipos de venta.
  • Conocer bien cómo se ejecuta una acción u orden es la mejor herramienta para que no sea discutida por los empleados y se cumpla sin ningún tipo de problema.

Fuente: https://ferreteria-y-bricolaje.cdecomunicacion.es/

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